La respuesta es no. Tanto la fidelidad como la infidelidad es una decisión continua que cada persona toma en el momento indicado basados en el propio control de los impulsos, la estabilidad emocional, seguridad, grado de apego emocional, el sistema de valores, creencias, estilo de crianza y modelos parentales.

Es muy importante que los seres humanos reciban amor, atención y admiración de su pareja.  Si esto no se da, hay la probabilidad que ceda ante otra persona y dependerá justamente de la capacidad de controlar los impulsos, la madurez y el valor que le den a lo que construyó con su pareja.

¿Podemos decir no a una infidelidad?

Sí, y va a depender del grado de compromiso asumido en la relación.  Sería una ilusión pensar que no habrá tentaciones, sin embargo, tener claridad en las consecuencias de las acciones podría disminuir los riesgos significativamente. En realidad, uno puede suponer cómo reaccionará la persona afectada de una infidelidad, sobre todo si lo han conversado.  No obstante, por la experiencia en consulta, el ser humano es impredecible: algunas personas terminan inmediatamente, otras luchan un tiempo o se enfrascan en un conflicto tóxico en el que incluso involucran a los hijos, aspectos que terminan por impedir la reparación del vínculo. Puede resultar sorprendente, pero existen casos también en los que la infidelidad se supera y la relación sobrevive, por lo que no necesariamente se acaba el amor. La forma en que se maneja una infidelidad es muy personal y no es igual para todas las parejas.

Actualmente, se puede contabilizar un porcentaje similar de infidelidad entre hombres y mujeres, aunque en sociedades más machistas como la nuestra, puede ser más evidente la infidelidad de los hombres y las mujeres más reservadas al respecto. Tanto hombres y mujeres son infieles por diferentes motivos, puede ser porque se sienten relegados en la relación, puede ser una forma de no querer lidiar con un problema personal o de pareja, un mecanismo desadaptativo para manejar ira, tensión, etc. Además, invisibiliza las necesidades sexuales de las mujeres y la tendencia de ser infieles también que hoy es más fuerte por el empoderamiento femenino.

Es indudable que los tiempos cambian y las generaciones también. Cada vez más se exige igualdad de condiciones entre varones y mujeres, menos tolerancia a relaciones insatisfactorias y la búsqueda implacable de la satisfacción personal. Lo que nos queda es generar acuerdos y compromisos realistas entre los miembros de la pareja, con base en la sinceridad sobre nuestras expectativas y necesidades, lo que podemos o no negociar. Ciertamente no todas las parejas o matrimonios cumplirán “y serán felices para siempre”, es lógico pensar que el tiempo es definitorio, por más que trabajen arduamente, muchas tendrán que terminar.  Una mayor comprensión y atención a la realidad, que es que el amor se termina, por lo tanto, hay que cuidarlo y hacerlo crecer.

Artículo elaborado por las psicoterapeutas:

Lic. Rocío Marthans

Lic. Emil Blondet

Lic. María Reina Vetter

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