Vivimos en un entorno que nos mantiene constantemente ocupados: reuniones, pantallas, pendientes y poco tiempo para detenernos. En medio de ese ritmo, el cuerpo suele convertirse en el gran olvidado. Sin embargo, moverse no solo fortalece músculos y articulaciones; también es una herramienta que puede contribuir a regular el estrés, mejorar el estado de ánimo y cuidar nuestra salud mental.

La actividad física genera cambios en nuestro organismo que van más allá del rendimiento físico. Al movernos, aumentamos la circulación, estimulamos diferentes sistemas relacionados con el cerebro y favorecemos procesos vinculados con la atención, el sueño y la regulación emocional. La evidencia científica muestra que mantenernos físicamente activos se asocia con una menor presencia de síntomas de ansiedad y depresión y con una mejor percepción de bienestar.

Pero moverse no significa necesariamente entrenar durante una hora o alcanzar un determinado nivel de condición física. Caminar, subir escaleras, realizar pausas activas durante la jornada laboral, bailar o hacer ejercicios de fuerza también cuentan. Incluso pequeñas cantidades de actividad física son preferibles a permanecer completamente sedentarios, y pueden convertirse en una forma sencilla de interrumpir el ciclo de tensión y quietud que muchas veces acompaña al estrés cotidiano.

Desde la fisioterapia, entendemos el movimiento de una manera más amplia: no se trata solamente de “hacer ejercicio”, sino de ayudar a que cada persona encuentre la forma de moverse que sea adecuada para su cuerpo, sus capacidades y su contexto. Por eso, la actividad física puede tener un papel preventivo, pero también acompañar procesos de recuperación cuando existe dolor, una lesión, una limitación funcional o una enfermedad crónica.

Cuidar nuestra salud mental también implica escuchar al cuerpo. Cuando pasamos muchas horas sentados, acumulamos tensión o dejamos de movernos por miedo al dolor o por falta de tiempo, nuestro bienestar puede verse afectado. Incorporar movimiento de manera progresiva y adaptada puede ser una de las estrategias cotidianas para recuperar energía, conectar con nuestro cuerpo y generar espacios de pausa dentro de una rutina exigente.

No necesitamos esperar a sentirnos mal para empezar a movernos. El movimiento puede formar parte del cuidado diario de nuestra salud, al igual que dormir bien, alimentarnos adecuadamente y atender nuestras emociones. Cuidar la mente también puede empezar por darle al cuerpo la oportunidad de moverse.


Por Alexssandra Rios, fisioterapeuta especialista en dolor crónico y prescripción del ejercicio – Qhalikay Fisioterapia Integral.

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