¿Por qué ingerimos alimentos? No solo para proveer de energía a nuestro cuerpo, sino también que esta se vincula a aspectos emocionales. Situaciones de estrés y la ansiedad, como son la ocurrencia de problemas, enfermedades, dolencias físicas, entre otros, dan lugar a un estado de alerta en el organismo por la que se libera la hormona llamada cortisol. Esta hormona hace que disminuya el nivel de azúcar para permitirnos dormir por las noches. Por el contrario, ante situaciones apremiantes, el cortisol aumenta la glucosa en la sangre y, por tanto, el organismo comienza a consumir este combustible (glucosa) por lo que sentimos la necesidad de suplirlo mediante el consumo de alimentos ricos en azúcares. De esta manera, podemos definir un hambre emocional, que se caracteriza por ser de un tipo específico de alimento (dulces, chocolates, galletas, otros), es repentina, puede no haber una sensación de saciedad, es de carácter urgente, puede venir acompañada de una sensación de culpa, aspectos que la diferencian del hambre fisiológica. Para evitar ello, es importante practicar el “comer consciente” es decir, comer sin discutir o pelear, sin distracciones, sin entornos estresantes, comer sentado, sin apuros, dejar de comer cuando se está satisfecho, hidratarse durante el día, ingerir alimentos naturales (no alimentos procesados) y reemplazar dulces por frutos secos o frescos.
Si desea información sobre este tema puedes contactarnos a hola@harmonia.com.pe

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